
Jefe: "No podés venir a trabajar como un Hippie setentista, cortate el pelo, hoy te lo pido bien..."
Yo: "No, mejor vengo como un milico setentista así me parezco a vos forro" (este es el tipo de respuestas que uno piensa pero no escupe para poder seguir cobrando a fin de mes)
Si, todavía quedan de esos. Esos que demuestran su pequeño poder queriendo intimidar con algo tan personal como el corte de cabello. Es verdad, lo tengo largo, a veces desprolijo y sin rastros de peine y de mi barba también podés decir muchas cosas. Pero eso no hace a mi persona. FACHO HIJO DE PUTA.
Probablemente me corte el pelo, para que el hijo de Jorge Rafael sienta que me tiene en su poder. Pero muy lejos de eso lo único que logró es mi descontento, mi malestar, mis ganas de no hacer nada, mis ganas de cagarme en todo. Con planes de boicot me sentaré en mi silla y buscaré la paz interior mirando fotos del norte. Planear viajes, imaginarlos, sentirse ya con la mochila en los hombros, esa es una buena forma de desprenderse un poco de toda la mierda. Si podés imaginarte siquiera que respiras el aire norteño, entonces, ya sos libre.
Entonces empezás a pensar porque todavía estas acá, que hacés gastando tu vida entre el smog y los interminables bloques de cemento, pensás en progreso, en tu carrera, en las posibilidades laborales. Todo válido, ¿pero de que sirve? Cuando se empieza a disfrutar el fruto de tanto sacrificio. Cuando vas a dejar de pasar el año pensando en las vacaciones, cuando dejaremos de pasar la semana pensando en el fin de semana, cuando dejaremos de empezar el día queriendo que termine?
Hoy tengo un día pesimista, me pasa por ser estatal.

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